Gracias al boom de las aplicaciones móviles hoy, si estamos escuchando una canción pero no recordamos el nombre, podemos descargar alguna aplicación que nos ayude a identificarla con tan solo registrar su melodía. Shazam es solo una de las muchas apps que podemos bajar.

El método matemático usado por aplicaciones como Shazam ha servido para crear un sistema que distingue -de manera rápida y sencilla- las diferentes voces de los delfines.

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¿Cómo funciona?

El estudio, publicado en la revista PLOS ONE, describe el funcionamiento de esta herramienta numérica que se basa en el código de Parsons de contornos melódicos, un sistema que identifica una pieza musical a partir de la altura de sus notas.

Los investigadores del Instituto Nacional de Síntesis Matemática y Biológica (NIMBios) de Knoxville, en Estados Unidos, analizaron con el nuevo algoritmo las señales de 400 llamadas de veinte delfines nariz de botella y lograron relacionar correctamente cada silbido con su dueño.

Hasta ahora el método utilizado consistía en el análisis de los espectrogramas –gráficos de las frecuencias de una señal–, para distinguir las variaciones que caracterizan a cada silbido.

Este complicado sistema es lento y requiere de un gran número de datos. Sin embargo, el código de Parsons solo considera para cada instante de tiempo si el tono de la melodía sube, baja o se mantiene constante.

“El método se centra en los datos que realmente importan y descarta la información que no es útil para el análisis”, señala Arik Kershenbaum, uno de los autores del trabajo.

Los beneficios

Aunque resulte difícil de creer, está comprobado que los delfines se llaman por su nombre.

El silbido que cada individuo desarrolla durante la juventud es diferente del de sus congéneres, y sienten preferencia por las voces de sus parientes. Por eso, la especie utiliza este sistema de identificación para mantener unido el grupo.

En ese sentido, los hallazgos de Kershenbaum y su equipo servirán para mejorar los sistemas de diferenciación de las voces de los delfines, clave en el estudio de las redes de comunicación de estos animales.

“Las voces de los cetáceos son muy variadas y tienen diversas funciones. Determinar qué aspectos de estas señales guardan la información es crucial para ser capaces de clasificar los sonidos y encontrar su verdadero significado”, recalca el científico estadounidense.

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